Noticia :: Un pacto educativo para superar los malos resultados en PISA :: ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ENTIDADES COLABORADORAS DE LA ENSEÑANZA
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Un pacto educativo para superar los malos resultados en PISA

10 de septiembre de 2026

 

Los últimos resultados del informe PISA vuelven a situar a la educación en el centro del debate. La edición de 2025, que ha evaluado a más de 760.000 jóvenes de 15 años de 91 países y economías, confirma una tendencia preocupante: los resultados han descendido hasta alcanzar los promedios más bajos registrados por la OCDE. España no es ajena a este deterioro. Pero conviene comenzar recordando algo importante: no estamos ante un fenómeno exclusivamente español. Entre 2015 y 2025, la media de los países de la OCDE ha descendido 22 puntos en matemáticas y 28 en lectura.

Mucho se ha escrito estos días sobre las razones que pueden explicar estos resultados. Y seguramente todas contienen una parte de verdad, aunque ninguna sea capaz de explicar por sí sola un fenómeno tan complejo.

Se habla del impacto de las pantallas y los dispositivos digitales sobre la capacidad de atención de nuestros jóvenes. Nunca habían tenido acceso a tanta información y, paradójicamente, quizá nunca había resultado tan difícil mantener la concentración durante un periodo prolongado de tiempo.

Se habla también de la pérdida del hábito de lectura y, especialmente, de la lectura profunda. La propia OCDE alerta del crecimiento de una lectura apresurada y de las dificultades para evaluar información, relacionar distintas fuentes y adoptar una mirada crítica ante lo que se lee. No deja de resultar paradójico que, en plena era de la información, una de nuestras mayores preocupaciones sea precisamente la capacidad para comprenderla.

Ha entrado además en escena la inteligencia artificial. Una herramienta extraordinaria que abre enormes posibilidades educativas, pero que también plantea una pregunta que no deberíamos eludir: ¿qué sucede cuando utilizamos la tecnología no para ayudarnos a pensar, sino para evitar tener que hacerlo? La OCDE advierte de que la relación entre IA y rendimiento es compleja y depende en gran medida del uso que se haga de ella.

Otros análisis apuntan hacia una menor cultura del esfuerzo y de la perseverancia. Hemos avanzado, acertadamente, en hacer del alumno protagonista de su aprendizaje, en cuidar su bienestar y en buscar su motivación. Pero quizá debamos preguntarnos también si hemos transmitido suficientemente que aprender exige esfuerzo, constancia y, en ocasiones, enfrentarse a tareas que no ofrecen una recompensa inmediata.

Se señala igualmente a las familias. Los hábitos de lectura en casa, el acompañamiento académico, los límites en el uso de las pantallas, las expectativas sobre el estudio o la valoración social del esfuerzo son elementos que trascienden las paredes de cualquier colegio. La escuela tiene una responsabilidad enorme, pero no puede asumir en solitario toda la responsabilidad educativa.

También miramos hacia los propios centros. Las aulas son hoy más diversas y complejas. Necesitamos atender diferentes ritmos de aprendizaje, necesidades educativas, situaciones personales y familiares, dificultades emocionales y realidades sociales muy distintas. Todo ello requiere buenos docentes, pero también orientación, personal de apoyo, recursos y tiempo.

Aparecen igualmente en el debate la desigualdad socioeconómica, la incorporación de alumnado procedente de otros países, las diferencias territoriales, la repetición de curso o determinadas características estructurales de nuestro sistema educativo. Son realidades que deben analizarse con rigor y sin convertir ninguna de ellas en explicaciones fáciles de un problema que evidentemente no lo es.

Y, finalmente, está la política educativa. España lleva décadas reformando su sistema educativo. Leyes que nacen con vocación de transformar la educación y que, demasiadas veces, comienzan a ser cuestionadas antes incluso de haber podido evaluar sus resultados. Cada cambio político parece traer consigo la tentación de volver a empezar.

Quizá ese sea precisamente uno de nuestros mayores problemas.

Desde AESECE llevamos años reclamando algo que hoy, a la vista de estos resultados, parece todavía más necesario: un gran pacto educativo. Ya en anteriores asambleas nuestra asociación reclamaba un pacto serio y leal que proporcionara serenidad y estabilidad al sistema educativo, alejado de decisiones cortoplacistas.

Porque una cuestión tan importante como la educación de nuestros jóvenes no puede depender permanentemente de quién gobierne durante los próximos cuatro años.

Necesitamos sentar alrededor de una misma mesa a quienes tienen algo que aportar y, sobre todo, a quienes conocen la educación. A los partidos políticos, por supuesto, pero también a las universidades y a los investigadores; a los centros educativos y sus equipos directivos; a los profesores; a las familias; a los estudiantes; a las administraciones educativas y a los diferentes agentes sociales.

Necesitamos datos y evidencia científica. Necesitamos escuchar lo que funciona dentro y fuera de nuestras fronteras. Necesitamos evaluar con rigor las políticas que ponemos en marcha y tener la valentía de mantener aquellas que funcionan, aunque las haya diseñado otro, y modificar aquellas que no dan resultado, aunque sean nuestras.

Y necesitamos, sobre todo, dejar de utilizar la educación como un terreno de confrontación política.

Los resultados de PISA deben preocuparnos, pero sería un error utilizarlos únicamente para buscar culpables. Porque probablemente no exista un único culpable. La sociedad ha cambiado, las familias han cambiado, nuestros alumnos han cambiado, la tecnología ha cambiado y también la escuela debe seguir cambiando.

Pero hay algo que no debería cambiar cada cuatro años: el rumbo educativo.

Si realmente creemos que la educación es una cuestión de Estado, quizá haya llegado el momento de empezar a tratarla como tal. PISA nos ha vuelto a poner delante del espejo. Podemos utilizarlo una vez más para señalarnos unos a otros o aprovecharlo para hacer algo mucho más difícil: mirarnos todos en él y empezar a trabajar juntos.

Javier Iglesias

Presidente de AESECE

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